Broncoespasmo

Un broncoespasmo es una constricción o espasmo de los bronquios, los dos tubos que se ramifican de la tráquea a los pulmones.

Un broncoespasmo puede ocurrir en personas de cualquier edad, sin embargo, es especialmente perjudicial para los bebés.

Por norma general, broncoespasmo se produce con mayor frecuencia en aquellos que padecen de asma, bronquitis y anafilaxia. Los síntomas pueden variar de leves a severos, pero los tratamientos disponibles ofrecen un alivio rápido.

Síntomas

Típicamente, los síntomas de un broncoespasmo incluyen:

  • Tos severa
  • Aumento de la producción de moco, que a menudo se convierte en pegajoso y compacto
  • Dificultad para respirar
  • Mareos

En ocasiones, los pacientes experimentan dolor en el pecho y ansiedad extrema. La frecuencia respiratoria puede acrecentar para compensar la incapacidad de conseguir el aire dentro y fuera de los pulmones (taquipnea).

Causas

Generalmente, las causas del broncoespasmo incluyen:

  • Enfermedades de las vías respiratorias inferiores, como el asma, la neumonía, la EPOC, la bronquitis crónica y el enfisema.
  • Reacciones alérgicas severas y shock anafiláctico
  • Irritantes pulmonares, semejantes como productos químicos, el polvo y el humo pueden agudizar los síntomas de aire y causa ya nerviosos.

En algunos individuos, el ejercicio y el agobio emocional pueden contribuir a un episodio de broncoespasmo. Asma inducida por el ejercicio es una condición médica común.

Complicaciones

Los episodios agudos de broncoespasmo severo pueden poner en peligro la vida y requerieren una evaluación médica de urgencia y tratamiento.

Tratamiento

El tratamiento del broncoespasmo por lo general incluye los broncodilatadores, medicamentos que funcionan relajando y abriendo los músculos de las vías respiratorias. Son de acción rápida y normalmente acostumbran a comenzar a calmar los síntomas en unos 10 minutos.

En ocasiones, se pueden prescribir medicamentos antiinflamatorios para minimizar la inflamación bronquial.

Prevención

  • Evitar los irritantes. Identificar potenciales irritantes o alérgenos que pueden provocar un ataque puede ayudar a reducir su frecuencia.
  • Controlar el asma. Tomar los medicamentos recetados para el asma puede prevenir ataques.
  • Controlar la ansiedad. A menudo, la ansiedad puede agudizar los espasmos respiratorios agudos. Esto puede ocasionar hiperventilación y promover una mayor dificultad para respirar. En ciertos casos, se pueden prescribir medicamentos contra la ansiedad para reducir el nerviosismo y la consiguiente dificultad para respirar.